‘Luna’, la primera revista antifranquista, que nació en 1939 en la Embajada de Chile en España
Fue confeccionada por un grupo de republicanos asilados en la legación diplomática. Fue redescubierta en 1991 en una bóveda en Santiago y digitalizada en 2024
La que es considerada como la primera revista cultural del exilio español, no solo desafió a la dictadura franquista (1939-1975), al ser publicada artesanalmente y en un único ejemplar de cada número, durante 30 semanas, por un grupo de asilados republicanos en la embajada chilena en Madrid. Más de ocho décadas después y desde Chile, logró trascender y multiplicarse por cientos de ejemplares, gracias a la digitalización de sus páginas y su puesta en internet a libre disposición en 2024. Es la historia de revista Luna, etiquetada por años como una leyenda perdida, nexo latente entre España y Chile, que comenzó a romper los años de silencio a la que fue condenada cuando fue redescubierta en 1991 en una bóveda del archivo de la Universidad de Chile, en Santiago.
La génesis de Luna se sitúa en el 28 en marzo de 1939, cuando las tropas de Francisco Franco entraron victoriosas en Madrid, en los días finales de la Guerra Civil (1936-1939). La embajada de Chile en la capital española, que hasta ese momento había sido refugio de personalidades del bando nacional (franquista), se vacía y entran allí 17 republicanos, del bando perdedor, atemorizados por las posibles represalias de parte de los vencedores. Comenzaría el largo asilo a la espera de un permiso o salvoconducto que les permitiera a esos refugiados salir al exilio.
El encierro en el edificio del Paseo del Prado número 26, hizo que ocho de esos asilados, una mezcla de escritores, artistas y entusiastas, decidieran trabajar en la confección de una revista cultural, escrita a máquina, y con ilustraciones en color, y blanco y negro, dibujadas y pintadas a mano. También editaron un periódico, El Cometa, que más tarde fue destruido por sus propios creadores ante el temor de que llegara a manos franquistas.
Haciendo honor a su nombre, los 30 números de Luna salieron siempre de noche y siempre en un ejemplar único. La primera revista vio la luz la noche del 26 al 27 de noviembre de 1939 y así durante una treintena de semanas. “Luna con la sangre escrita de tantos ejecutados, hermanos nunca olvidados, sangre que en nosotros grita”, se puede leer en el poema que abre ese primer número. Fue un trabajo sigiloso y clandestino, cuando aún no se contaba con el Convenio de Viena sobre relaciones diplomáticas, que estableció la inviolabilidad de las embajadas. Como era de esperar prácticamente los únicos lectores fueron los residentes obligados y el personal de la embajada.
En sus páginas hubo cuentos, poemas, fragmentos de obras teatrales, ensayos, reseñas y artículos de opinión, cuyos autores eran parte del staff de Luna, pero también había obras de firmas reconocidas. Son textos mucho de ellos marcados por la experiencia de la guerra, los recuerdos del pasado, la defensa de la República. Son únicos, por el contexto en que se escribían: piezas de resistencia con un fuerte componente antifascista en el corazón de la España franquista.
El Club de los Noctámbulos
El equipo estuvo conformado por los escritores Pablo de la Fuente y Antonio Aparicio; los artistas Edmundo Barbero y Santiago Ontañón; el periodista Antonio de Lezama; el abogado Aurelio Romeo del Valle, y los estudiantes Julio Romeo del Valle (hermano de Aurelio) y José Campos. Trabajaban siempre de noche, por lo que se autodenominaron como el Club de los Noctámbulos o Noctabulandia.
La revista tiene cierta evolución a lo largo de las semanas en que se publica. “En los primeros números destacan los artículos basados en la Guerra Civil y en los levantamientos republicanos. Estos temas dejan paso a los recuerdos de la infancia y juventud en números posteriores. Un tercer aspecto de la memoria apunta a los recuerdos de su propia vida en la Embajada”, escribió la investigadora Ana González Neira, en su artículo ‘La memoria en Luna, la primera revista cultural del exilio’.
La noche de 16 a 17 de junio de 1940, se publicó el último número de Luna, el 30, cuando algunos de los refugiados ya habían dejado la embajada y partido al destierro. “Nos vamos a América. Allí nos esperan otros. Hemos repetido (…) que nuestro grupo ha llegado a constituir una hermandad de afectos y que, en este sentido, toda la labor del refugio ha de tomarse únicamente como punto inicial y de ensayo”, escribieron en ese último número, donde agradecieron a los diplomáticos chilenos y al encargado de negocios (máxima autoridad de la embajada), Germán Vergara Donoso, por “una estancia agradable, sin tedios ni tristezas”.
Los últimos cinco refugiados republicanos de la embajada chilena salieron al exilio el 12 de octubre de 1940. De los ocho responsables de Luna, la mayoría se dirigió a Chile y unos pocos a México. Antes de dejar la legación, le entregaron a Vergara Donoso, como regalo y muestra de agradecimiento los 30 números de la revista, debidamente encuadernados en tomos. German Vergara Donoso, quien llegó a ser canciller de los Gobiernos de Gabriel Gozález Videla (1946-1952) y de Jorge Alessandri (1958-1964), dejó ese mismo año Madrid y conservó por años los incunables de Luna.
Descubrimiento en la bóveda
Parecía el fin de la historia de la primera revista cultural del exilio español, hasta que, en 1991, el entonces director del Centro Cultural de España en Santiago de Chile, Jesucristo Riquelme, con alguna información previa, revisó en la Biblioteca Central de la Universidad de Chile, en Santiago, y encontró los tomos que contenían Luna. ¿Cómo llegaron a parar ahí? La hipótesis que ha ido tomando más peso con el correr de los años es que la revista fue entregada a la universidad por intermedio del rector Juvenal Hernández, pariente político de Vergara Donoso.
A partir de entonces, la revista Luna, que desde 1994 forma parte de Archivo Central Andrés Bello, de la Universidad de Chile, comenzó a ser consultada por estudiosos y reveló su importancia histórica y artística. Incluso su historia fue contada por el escritor Paco Cerdá en uno de los capítulos de su libro Presentes (2024). Pero aún se mantenía en el conocimiento de unos pocos. Sin embargo, en noviembre de 2024, en un esfuerzo mancomunado entre la Biblioteca Nacional, el Centro Cultural de España y el Archivo Central de la Universidad de Chile, cada una de las páginas de Luna fue digitalizada, y puesta a libre disposición en los sitios web de cada una de esas entidades.
La directora del Archivo Central Andrés Bello, Fernanda Vera explicó a EL PAÍS que esa decisión forma parte de la política de “democratizar los accesos a las fuentes que custodia” esa institución. “La revista Luna es una colección muy interesante y también muy valiosa, y se suma a otros materiales que resguarda el archivo de la Universidad de Chile que tienen que ver con España y con la Guerra Civil, como la edición que tenemos de España en el corazón, de Pablo Neruda. Luna entra en ese diálogo entre Chile y ese momento histórico tan duro que vivió España”, destacó.
Solo la porfía de Luna hizo que aquella revista trabajada artesanalmente en papel barba de 29 × 20,5 centímetros , mecanografiada por ambos lados, con 153 ilustraciones, 30 de ellas en sus portadas, rompiera el cerco franquista del Madrid de 1940, viajara a Chile y se multiplicara gracias a la digitalización y el internet.