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La Cataluña demoscópica se entrega a la extrema derecha
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Josep Martí Blanch

Pesca de arrastre

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La Cataluña demoscópica se entrega a la extrema derecha

La oferta radical de Sílvia Orriols sigue creciendo en las encuestas junto a Vox, sin que nadie atine a pronosticar dónde está su techo

Foto: La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, interpela al presidente de la Generalitat, Salvador Illa. (EFE/Quique García)
La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, interpela al presidente de la Generalitat, Salvador Illa. (EFE/Quique García)
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Oleaje demoscópico en Cataluña. Marejada opinativa durante el fin de semana a raíz de una encuesta del periódico ARA que sitúa a Aliança Catalana como tercera fuerza política en el Parlament en unas hipotéticas elecciones autonómicas. Es más, la ultraderecha soberanista podría alcanzar la primera plaza en una de las cuatro demarcaciones, la leridana. La oferta gemela de Vox, con bandera distinta, sigue también en ascenso. Los de Abascal podrían cosechar hasta diecisiete diputados, seis más de los que tienen ahora en unos futuros comicios catalanes, y amenazan con mandar a Junts a la quinta posición del hemiciclo autonómico.

Sólo es una encuesta. Pero más allá de las cifras concretas, puras estimaciones, sí confirma las tendencias que vienen acreditando la mayoría de los trabajos de campo que realizan los distintos actores políticos y mediáticos desde hace un tiempo, algunos hechos públicos, otros no. Es más, entre algunos connaisseurs, la sorpresa, más que el tercer puesto, ha sido que el partido de Sílvia Orriols no haya alcanzado, al menos en esta encuesta, el segundo.

Esto es así porque el trabajo eleva notablemente las previsiones más habituales para ERC, disparando a los de Junqueras gracias a un supuesto efecto producido por el eco mediático de la tournée de Gabriel Rufián y su idea de Frente Popular. A anotar que, más allá de los partidos, los políticos mejor valorados por los encuestados son Gabriel Rufián y Sílvia Orriols. La prueba del algodón de una sociedad, digámoslo así, abonada al enfado. Pues ambos líderes beben de las formas y reglas políticas que fija el nacional populismo, ya sea éste de derechas o de izquierdas. El primero con el libreto del primer Pablo Iglesias y la segunda con el manual ultra más descarnado. Esta es la foto de la que se habla obsesivamente estos días en Catalunya. Revelado al que hay que sumar el detalle no menor de que el PSC ganaría de nuevo las elecciones, aunque perdería votos y escaños, y que el tripartito no oficial que permite a Salvador Illa ir tirando en ausencia de pactos de legislatura podría seguir funcionando.

Y como todos los debates tienden a repetirse, las preguntas que han vuelto a exigir protagonismo en la conversación pública de estos días, en una sociedad con tendencia a la autocomplacencia, han vuelto a ser las de siempre: ¿Qué hacemos con la ultraderecha? ¿Por qué crece tanto? ¿Qué está pasando? No podía faltar el papel de los medios de comunicación: ¿No le están haciendo el juego con tanto protagonismo? ¿No sería mejor silenciar su existencia? Y el comodín del público que nunca falla: ¡las fake news que sirven para un roto y un descosido!

Foto: inmigracion-y-extrema-derecha-la-republica-catalana-era-esto Opinión

Hasta el punto de que no son pocos los que creen que todo empieza y acaba en el juego sucio de crear realidades paralelas que hacen creer al ciudadano que vive en el peor lugar del mundo, cuando en realidad no hay para tanto. La manipulación como principal argumento, que consigue convertir una "sensación percibida por el ciudadano" en una "verdad" que no es tal, según reza el discurso institucional.

Ayer mismo, nada que ver con la encuesta, pero sí con esta lectura de por qué crece la ultraderecha, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, anunciaba la creación de un observatorio municipal que ha de servir para detectar y luchar contra las fake news. Un nuevo intento abocado de fijar la verdad desde la teórica credibilidad del dato oficial abocado al fracaso.

Foto: temor-partidos-catalanes-sorpasso-alianca-junts

No puede negarse lo que es evidente. Hay toneladas de mentiras, odio y racismo en las redes. Por supuesto que hay quien se dedica, de un modo organizado, a intentar emponzoñar la actualidad. Pero tratar de despachar el crecimiento de la ultraderecha en Cataluña con una genérica acusación a todo cuanto acontece en las redes sociales equivale a ver únicamente la espuma de un temporal, sin querer advertir el oleaje.

En conversación con un alcalde de Junts, ayer mismo, el edil advertía que en su ciudad (pueblo grande, para ser más exactos) sus ciudadanos están viendo estos días cómo delincuentes reincidentes y reconocibles han iniciado los trámites para legalizar su estancia en España gracias a la regularización extraordinaria que está en marcha. En la misma conversación añadía que sus hasta ahora votantes le aseguran que mantendrán su confianza en él en las próximas municipales, pero que van a votar a Aliança Catalana en las autonómicas y algunos a Vox en las generales.

Pesquemos en otro mar. La semana pasada el debate estuvo centrado en Cataluña en el plan piloto de la Generalitat -una iniciativa razonable si se conoce la letra pequeña- para reforzar la presencia de los Mossos en los centros educativos, escuelas e institutos. Más allá de las protestas de sindicatos y activistas, lo cierto es que en algunas zonas de Barcelona la situación de estos centros se agrava curso tras curso. Aumento de las agresiones a docentes, captación de jóvenes a edades muy tiernas para su ingreso en bandas juveniles de estética y ADN sudamericano, trapicheos y otros tipos delictivos que hasta hace bien poco no estaban presentes en el mapa escolar. ¿Percepción? En este caso, una percepción reconocida por el propio Gobierno de la Generalitat.

Foto: alianca-catalana-inmigracion-junts-1hms Opinión

Vale la pena detenerse en el último fin de semana. Una mujer que paseaba degollada en Esplugues, un apuñalamiento también mortal en el centro neurálgico de Barcelona, la Plaça Catalunya. Múltiples episodios de agresiones con navajas repartidos aquí y allá. El testimonio radiofónico del hombre que se enfrentó al asesino de Esplugues para distraer su atención e intentar salvar a la chica degollada es de lo más revelador: su barrio, otrora seguro, ya no lo es y los vecinos se están organizando porque se sienten "desamparados". Añadió, a cara descubierta y con nombres y apellidos, que cuando llaman a la policía municipal, esta en muchas ocasiones no acude porque está ocupada en otras zonas más conflictivas: "Suerte tenéis de vivir en este barrio, los hay peores".

Saltamos al lunes. La semana empezó con un tiroteo sin heridos en L'Hospitalet de Llobregat. Una mala semana, puede pensar alguno. Cierto, las hay peores que otras, pero en lo fundamental la sociedad catalana siente que este es el menú que se le sirve de un tiempo a esta parte, y no va desencaminada. El cuadro, para más inri, no afecta sólo a la gran Barcelona y a su área metropolitana. Desde hace unos años, ciudades y pueblos de comarcas alejadas de la gran urbe que desconocían según qué tipos delictivos, se han visto obligadas a familiarizarse con ellos. Pequeña delincuencia, pero que da mala vida a los vecinos. Lo que falta para el duro, viene regalado en Cataluña por la ubicación geográfica de Barcelona, un lugar de encuentro para las grandes mafias internacionales. Las del este, las de Italia, las de Holanda y cuantas quieran listar. De ahí el aumento, por ejemplo, de las ejecuciones públicas, que tanta "sensación" de inseguridad acaban generando.

Ahí tienen los elementos básicos por los que está creciendo la ultraderecha en Catalunya en sus dos formulaciones existentes. Y súmenle como acelerador, ahora sí, las campañas organizadas en redes para sacar provecho de una realidad ya de por sí depauperada.

Foto: extrema-derecha-vox-cataluna-elecciones-1hms Opinión

¿Y no será que Aliança recoge también el malestar y la frustración independentista? ¿Será que Vox sigue percibiéndose como el único antídoto efectivo contra las pulsiones separatistas? Pues la verdad es que quizás en lo marginal, pero desde luego no es el combustible identitario el que nutre el motor de su crecimiento. Basta con escuchar los discursos de sus líderes. A ambos partidos les basta con un solo clavo para lucirse con el martillo. Y ese clavo es ahora en Cataluña, y lo será durante todo el ciclo electoral. El que relaciona inmigración descontrolada, seguridad ciudadana y degradación del espacio público. La traducción en votos está por ver. De momento, solo encuestas.

Oleaje demoscópico en Cataluña. Marejada opinativa durante el fin de semana a raíz de una encuesta del periódico ARA que sitúa a Aliança Catalana como tercera fuerza política en el Parlament en unas hipotéticas elecciones autonómicas. Es más, la ultraderecha soberanista podría alcanzar la primera plaza en una de las cuatro demarcaciones, la leridana. La oferta gemela de Vox, con bandera distinta, sigue también en ascenso. Los de Abascal podrían cosechar hasta diecisiete diputados, seis más de los que tienen ahora en unos futuros comicios catalanes, y amenazan con mandar a Junts a la quinta posición del hemiciclo autonómico.

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