Victoria de León, la científica que diseña materiales de regolito lunar para proteger a los astronautas de la radiación cósmica

A los cinco años ya experimentaba con pigmentos de flores, hoy Victoria de León es la única latinoamericana en Forbes 30 Under 30, reconocida por su investigación en materiales hechos a partir de organismos vivos y residuos vegetales.
Victoria de León
JIMENA DUVAL

Desde los cinco años, Victoria de León reconoció que "lo vivo" era su principal caso de estudio. Convertía los sets de Lego de sus dos hermanos mayores en creaciones nuevas; su afán por construir la distinguió desde la niñez y, sin saberlo, su casa se convirtió en su primer laboratorio improvisado. Inventaba pigmentos con flores para teñir el cabello de sus muñecas e incluso mezcló colorantes naturales hasta teñir de rosa a su conejo blanco.

Su entrega a la experimentación se reforzó cuando uno de sus hermanos le regaló el videojuego Science Papa para Nintendo DS. Según Victoria, aquel juego era científicamente correcto: los experimentos correspondían a procesos reales y le ayudaron a comprender que todo resultado requiere un procedimiento. Al entrar a la secundaria, su interés por la ciencia incrementó: "El primer experimento que hice fue una batería a base de papas para encender una calculadora. También me involucré en otro proyecto de hidroponía, en el estudio de nutrientes para mejorar el crecimiento de las lechugas", comenta en entrevista con WIRED.

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No obstante, el punto de inflexión llegó en un campamento espacial de dos semanas en Alabama, donde recibió entrenamiento simulado de astronauta y visitó museos del sector espacial.

Más adelante, durante la preparatoria en el Tecnológico de Monterrey, participó en Space University, un programa internacional que incluía una estancia en Houston para el diseño de rovers, el desarrollo de soluciones para la colonización de Marte y entrenamiento en buceo. Ahí obtuvo su primer reconocimiento en robótica al presentar la mejor propuesta para exploración marciana. Todas estas experiencias, tanto en la infancia como en la adolescencia, cimentaron su decisión de estudiar Ingeniería en Robótica y Sistemas Digitales en el Tec de Monterrey.

"A mediados de la carrera, para especializarme, busqué opciones en el área de investigación. El primer acercamiento que tuve fue en el Weizmann Institute of Science, en Israel". Ahí trabajó en modelos de crecimiento tumoral mediante técnicas de imagen con luminiscencia. "Trabajé en un grupo de investigación en el que se inyectaban ratones con materiales bioluminiscentes para detectar el crecimiento tumoral. Posteriormente, se utilizaban técnicas de imagen para visualizar y monitorear la progresión del tumor".

La faceta de Victoria de León entre la química orgánica y la investigación espacial encontró un nuevo punto de inflexión en el International Learn Space Program, una visita de una semana a Alabama para competir con participantes de todo el mundo en el envío de un material al espacio. Entre planteamientos y posibles soluciones, De León se adentró en el campo de los biomateriales: "Me encontré con propiedades que jamás había imaginado, desde puntos cuánticos que brillan bajo luz ultravioleta hasta llegar al material que lo cambió todo: un derivado de artrópodos que también brilla bajo luz UV".

Crear biomateriales para aplicación en el espacio y en la Tierra

Victoria comenzó a investigar los biomateriales no solo por sus propiedades, sino porque representaban el futuro en términos de diseño regenerativo y sostenibilidad. "Trabajé en concretos a base de desechos de papa y regolito lunar", menciona. Además, desarrolló propuestas con macroalgas para aplicaciones espaciales, que posteriormente presentó en el Congreso Internacional de Astronáutica, en Australia, en 2025.

Actualmente, forma parte del grupo Biomimetic Materials and Machines, dedicado a la investigación de sistemas materiales, estrategias de fabricación y robots blandos inspirados en la diversidad de la naturaleza, en el Instituto Max Planck, en Alemania. A la par, De León es CEO y fundadora de Ontla, una empresa que retoma la a filosofía de sistemas bioregenerativos en materiales sostenibles con aplicaciones industriales en la Tierra.

Para Ontla, buscó darle una aplicación adicional a su biomaterial: la trazabilidad y la antifalsificación. En lugar de procesarlo como un tapiz, lo transformó en una tinta biodegradable, comestible y no tóxica, debido a su origen animal. "Sustituye a los petroquímicos que usamos a nivel industrial".

De acuerdo con Victoria, su visión es hacer ciencia aplicada a través del emprendimiento: investigación que no se queda en el laboratorio, sino que se traduce en distintas aplicaciones para startups y modelos de negocio con impacto real.

Más allá de la métrica y los reconocimientos

El vínculo de Victoria con la ciencia es innegable, y no es necesario indagar demasiado en su personalidad para encontrar en ella una esencia creativa. A través de la música, al tocar el piano, y de la pintura, pincelada a pincelada, De León ha descubierto cómo elaborar bocetos científicos y diseñar biomateriales sensibles como sustitutos de las pinturas existentes en el mercado.

Su última obra está hecha a base de espirulina, una microalga de color azul verdoso conocida en el sector espacial por ser un "superalimento" para la tripulación en misiones. En un lienzo donde se distinguen tejidos, Victoria retrata el interior de los huesos. "Estoy investigando cómo podemos hacer esqueletos para aplicaciones en arquitectura. Me gusta pintar y que se me ocurran posibles soluciones para luego plasmarlas".

Victoria también trabaja en nuevos tintes inspirados en especies de México de las que es posible obtener pigmentos.

En septiembre comenzará un posgrado enfocado en ciencias biobasadas. Su interés no se limita a observar la naturaleza para imitarla, también trabajará con sistemas vivos como herramientas de construcción. Explora, por ejemplo, el uso de microorganismos capaces de calcificar estructuras para desarrollar materiales de construcción vivos, integrando biopolímeros, residuos vegetales y organismos en procesos regenerativos.

Para Victoria, el impacto de sus proyectos no se mide en reconocimientos, sino en la pertinencia de las soluciones que propone. "La métrica es qué problema resuelves y cómo se compara tu solución con lo que ya existe", explica. En algunos casos, sus desarrollos no tenían antecedentes, lo que derivó en patentes en México, avaladas por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y procesos de revisión internacional. Más allá de lo técnico, considera también las ventajas funcionales y ambientales como parte esencial del impacto.

Sobre el ecosistema científico en México, enfatiza la necesidad de una cultura verdaderamente multidisciplinaria: que químicos trabajen con ingenieros, que el diseño dialogue con la filosofía.

Ser mujer en la investigación científica, afirma, no es solo una cuestión de equidad, sino de perspectiva. La diversidad transforma los resultados, particularmente en áreas como la medicina, donde la experiencia femenina incide directamente en el diseño de soluciones. Victoria reconoce a su madre como su principal fuente de inspiración: su resiliencia y apoyo han sido fundamentales en su trayectoria.

Representar a México en foros internacionales implica responsabilidad, pero también orgullo. "Cuando eres la única mexicana en un evento, representas a todo un país", comenta. Esa presencia global también se refleja en su inclusión como la única latinoamericana en la lista de Forbes 30 Under 30. A futuro, le gustaría que su trayectoria fuera reconocida por haber utilizado sistemas vivos y materias primas biológicas para resolver problemas presentes y futuros. Insiste en que su propósito permanece en lo vivo.

Su visión es clara: desarrollar ciencia aplicada a través del emprendimiento, con biomateriales orientados a la salud, la construcción sustentable y cadenas de valor más responsables. En esa búsqueda, el arte y la filosofía no son disciplinas paralelas, sino complementarias. "Todo está conectado. Si no diseñamos considerando que somos seres vivos, terminamos dañándonos. Debemos pensar como ecosistema".