Arqueólogos descubren piedras de 80 toneladas bajo el mar Mediterráneo que podrían pertenecer al Faro de Alejandría, una de las 7 maravillas del mundo antiguo

Piedras gigantes del Faro de Alejandría
Piedras gigantes del Faro de AlejandríaMontaje / PHAROS

Tras décadas de investigación, se hallaron bajo el mar enormes piedras, estatuas y piezas metálicas del Faro de Alejandría, el coloso que los terremotos hundieron hace 1.600 años.

El hallazgo de varios bloques de hasta 80 toneladas en el puerto oriental de Alejandría aporta nueva evidencia física sobre la arquitectura del Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Las piezas, identificadas como elementos estructurales de la entrada monumental, permiten avanzar en su reconstrucción científica gracias a nuevas técnicas digitales de alta precisión.

Cabe mencionar que el descubrimiento forma parte del proyecto PHAROS, que, de acuerdo con los expertos, combina arqueología subacuática y modelado 3D para reensamblar virtualmente el monumento.

La recuperación de estos bloques, inéditos por su tamaño y tipología, ofrece información directa sobre el diseño y la escala del faro, destruido por una serie de terremotos entre los siglos X y XIV.

Asimismo, la investigación abre una nueva etapa en el estudio del monumento, al proporcionar material arquitectónico que confirma hipótesis históricas y permite reinterpretar su estructura con mayor rigor.

Un hallazgo que cambia la escala del estudio del faro

Los arqueólogos han identificado 22 bloques de gran tamaño que permanecían sumergidos en el puerto oriental de Alejandría. Su peso, su forma y su disposición indican que pertenecieron a la entrada del faro, posiblemente a un pórtico o a un sistema de acceso construido con técnicas helenísticas.

Afirman que la magnitud de estas piezas confirma que el faro no solo era una torre de señalización marítima, sino también una obra arquitectónica de gran complejidad.

Piedras de 80 toneladas
Piedras de 80 toneladasPHAROS

De hecho, los investigadores detectaron que los bloques, cuyo peso es de casi 80 toneladas, incluyen dinteles, umbrales y losas de pavimento que permiten reconstruir la organización espacial del acceso principal.

Este tipo de hallazgo es excepcional porque proporciona elementos estructurales completos, no simples fragmentos. Por esta razón, su estudio permite avanzar en la identificación de proporciones, estilos y soluciones constructivas empleadas en el monumento.

La reconstrucción científica del faro mediante tecnología avanzada

El proyecto PHAROS está utilizando escaneos digitales, fotogrametría y modelado tridimensional para integrar cada bloque en una reconstrucción virtual del faro. Este proceso permite analizar las piezas sin manipularlas físicamente y comprobar cómo encajan entre sí dentro de la estructura original.

La digitalización de los bloques facilita la comparación con otros restos hallados en décadas anteriores y permite validar hipótesis sobre la distribución arquitectónica del monumento. Además, ofrece una base sólida para futuras reconstrucciones físicas o museográficas.

El uso de tecnología avanzada convierte este hallazgo en un punto de inflexión, ya que por primera vez se dispone de material suficiente para recrear con precisión partes clave del faro, más allá de las descripciones históricas o representaciones artísticas.

Es importante mencionar que la recuperación de bloques de hasta 80 toneladas bajo el Mediterráneo aporta una evidencia arqueológica decisiva para comprender la arquitectura del Faro de Alejandría.

Qué fue el faro y por qué ya no existe

El Faro de Alejandría se construyó en el siglo III a.C. bajo el reinado de Ptolomeo I Soter, en la isla de Faros, a la entrada del puerto de la ciudad. Con una altura estimada superior a los 100 metros, funcionó durante más de mil años como referencia de navegación en el Mediterráneo oriental.

Una serie de terremotos lo fue dañando progresivamente hasta que el de 1303 lo dejó en ruinas definitivas. En 1477, el sultán mameluco Qaitbay utilizó sus piedras para construir la ciudadela que todavía lleva su nombre en ese mismo emplazamiento.

El nivel del mar ha subido aproximadamente ocho metros desde que se levantó la estructura, lo que explica que sus restos descansen en el fondo del puerto moderno de una ciudad de cinco millones de habitantes.

Su análisis mediante técnicas digitales permite reconstruir con mayor exactitud un monumento desaparecido hace siglos y refuerza la importancia del proyecto PHAROS como referencia internacional en arqueología subacuática.

El hallazgo no solo amplía el conocimiento sobre una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, sino que demuestra cómo la combinación de investigación científica y tecnología puede devolver forma y contexto a estructuras que parecían perdidas para siempre.

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