Industria

Batteryfly pone en marcha en Zaragoza su primera planta de reciclaje de baterías de coches eléctricos para España y Europa

Batteryfly pondrá en Zaragoza una planta de reciclaje de baterías de coches eléctricos de España y Europa.
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La empresa Batteryfly, con más de 25 años de experiencia en innovación en automoción y energías renovables, se ha fijado en Zaragoza para poner en marcha su primera planta de reciclado y segunda vida de baterías de coches eléctricos (VE). Unas instalaciones que se ubicarán en el Parque Tecnológico del Reciclado y que conllevará una inversión inicial de seis millones de euros.

Esta planta se centrará en abordar todo el ciclo completo de la gestión de la batería tras su rechazo en automoción, bien porque ya ha llegado al final de su vida útil en el vehículo eléctrico, por avería o bien por rechazo desde la propia planta de fabricación.

Batteryfly recepcionará estas baterías, siempre del sector de la automoción o de vehículos eléctricos, con el fin de clasificarlas según su "estado de salud" de cara a ver si se pueden reparar y volver a utilizar en el vehículo, de manera que en las instalaciones de Zaragoza se contará con una zona de reparación de las propias baterías.

Además, aquellas baterías que no puedan repararse, pero que tengan módulos en su interior con "buenas características todavía, buenas capacidades de almacenamiento y buen estado de salud para poder darles esa segunda vida, las insertamos para hacer grandes baterías para huertos solares o para autoconsumo industrial" que, además, una vez han llegado al final de su vida útil, podrían recuperarse y reutilizarse de nuevo para el sector de la automoción, afirma Javier Alcalá, director general de Batteryfly en la planta de la compañía en Moncada, en Valencia, donde tiene su sede, a elEconomista

Desde Zaragoza también se trabajará por aprovechar aquellas baterías que ya no sirvan. En este caso, se procederá a la separación y trituración de la batería para obtener la denominada masa negra y recuperar las materias primas críticas para su reutilización en la fabricación de nuevas baterías en las gigafactorías de fabricación de baterías.

La planta de Zaragoza no solo trabajará con el ecosistema de automoción existente en Aragón, impulsado también por la llegada de nuevos coches eléctricos de origen asiático, sino que también se pretende que reciba las baterías de otros fabricantes y empresas en España y de Europa con los que ahora Batteryfly está manteniendo conversaciones con gigafactorías y fabricantes en España y Europa para cerrar acuerdos de cara a gestionar sus baterías en la postventa y fase de fabricación.

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Javier Alcalá, director general de Batteryfly en la planta de Moncada, en Valencia.

El proyecto de Batteryfly en Zaragoza contempla tres fases. La primera de ellas comprende la realización de toda la nave completa y las infraestructuras que precisan internamente para el desarrollo de su actividad y desde el punto de vista operativo.

De este modo, en una primera fase, se contempla montar una planta piloto, con una capacidad limitada de unas 5.000 toneladas de gestión de baterías, lo que permitirá a su vez a la compañía ahondar en conocer a la perfección el proceso de reciclado, tratamiento y separación de las diferentes materias primas críticas.

Además, se trabajará en el cierre de los acuerdos con los fabricantes en lo que queda de año y en 2027 para conocer las necesidades de las gigafactorías, estando previsto que para el horizonte de 2029 alcanzar una capacidad de reciclado de entre 35.000 y 45.000 toneladas.

Posteriormente, arrancará la tercera fase, coincidiendo con una mayor implantación del vehículo eléctrico sobre todo a nivel de residuos, de manera que, a partir de 2031, se tendrá ya una capacidad de alrededor de 100.000 toneladas.

Inversión y empleo

Inicialmente, Batteryfly acometerá una inversión de seis millones de euros para la planta piloto e infraestructuras y alcanzar esa capacidad de 5.000 toneladas. Una inversión que se elevará para completar todo el proyecto. "Hablamos de varias decenas de millones".

La planta arrancará a mediados o finales de 2027 con una plantilla de entre 25 y 30 personas de perfiles puramente operativos. Posteriormente, una vez la compañía tenga sus instalaciones, se trasladará además el laboratorio, la actividad de I+D y el área de desarrollo de ingeniería y de productos. En este caso, se demandarán perfiles técnicos, sobre todo ingenieros y otros perfiles con capacidades a nivel químico, de producto, de energía y de programación también de datos "porque parte del producto que estamos desarrollando se basa fundamentalmente en la gestión inteligente de la energía en las diferentes estaciones que pongamos".

Los primeros cálculos de la empresa apuntan a que precisarán entre 15 o 20 ingenieros de manera también inmediata. "Y luego ya a medida que vayamos creciendo en la capacidad operativa de la planta, consideramos que podemos llegar en cuatro o cinco años a unas 120 o 130 personas".

El proceso de selección está previsto que arranque en 2027. No se descarta colaborar con el Ayuntamiento de Zaragoza y Gobierno de Aragón para encontrar estos perfiles, así como con la Universidad de Zaragoza, además de recurrir a los principales portales de empleo y redes sociales profesionales.

El proyecto cuenta con una subvención del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de 1,8 millones de euros y un plazo máximo de ejecución hasta marzo de 2029. Se inserta en el marco del programa RENOCICLA.

Innovación

Además de toda la gestión de la batería del coche eléctrico, la planta de Zaragoza también será clave en I+D. En esta línea, también se han empezado a establecer algunas sinergias con, por ejemplo, el CIRCE, centro con el que ya Batteryfly ha venido colaborando en proyectos de investigación.

Entre las líneas de trabajo a desarrollar destacan las centradas en analizar y conocer las distintas tecnologías en las que se basan las empresas asiáticas y europeas. "Nosotros queremos partir de una tecnología que está implantada, que es la de la obtención de la masa negra, y luego la separación mediante técnicas hidrometalúrgicas. Pero también estamos explorando y analizando cómo podemos transformar las nuevas técnicas basadas en reciclado directo fundamentalmente para poder minimizar el impacto en los procesos de destrucción de la propia batería o las propias células y poder tener menores costes también a nivel operativo".

Al mismo tiempo, otro de los objetivos de la empresa es "poder ir cumpliendo con las verificaciones europeas que marcan también unos mínimos de eficiencia en la obtención o la separación de los diferentes metales".

"Venimos de haber estado trabajando durante muchos años en proyectos de innovación de diferentes tipologías, tanto de automatización, industria 4.0, todo lo que es la parte energética, automoción…. Es algo que nos gusta, nos apetece y creemos que es el camino a seguir porque la única posibilidad de poder ser diferentes con respecto a nuestros competidores, tanto a nivel nacional como a nivel europeo, se basa en poder tener, primero, capacidades de separación y operativa de tratamiento de las baterías lo más eficiente y económico posible", de cara a sacar también la máxima rentabilidad, y luego, en el diseño del producto, que está marcado justamente por la fabricación de grandes sistemas de almacenamiento para diferentes tipologías, a nivel de huertos solares o a nivel de instalaciones industriales e incluso para soporte a los puntos de recarga de alta potencia para el coche eléctrico.

"Todo esto conlleva no solamente ser no sólo tecnológicamente avanzados, sino además también poder contar con sistemas inteligentes de gestión de esa energía. Ya hemos empezado proyectos relacionados con sistemas de almacenamiento, con desarrollo de sistemas también de antiincendios de las propias baterías para que puedan ser lo más eficientes y lo más rápidas posibles", señala Javier Alcalá.

A estas líneas se suman otras centradas en el diseño de algoritmos de gestión inteligente de la propia energía, tanto desde la parte de la integración con los huertos solares, como con la propia red, lo que conlleva también la gestión con los propios vehículos eléctricos cuando están conectados con los cargadores.

Igualmente se pone el foco en la seguridad de la batería tanto en su manipulación en la planta como en los diferentes usos que tenga, así como en los centros de datos con el fin de que se pueda disponer del mayor almacenamiento posible para evitar sobrecargar la red eléctrica, contribuyendo a que el centro funcione de forma correcta y reducir los costes que puede llegar a tener esta gestión energética.

"Tenemos que ser conscientes de que todo, hasta el más mínimo detalle de la gestión y del control ante incendios o sobrecalentamiento, es algo en lo que tenemos que ir trabajando. Esto nos abre muchas líneas de investigación", incide el directivo.

Cerrar el ciclo

La planta de Zaragoza y las líneas de investigación permitirán a Batteryfly cerrar el ciclo de la gestión total de la batería del coche eléctrico desde la parte del análisis de la propia batería para poder darles unas segundas vidas y, al mismo tiempo, "el poder ser capaces de reciclar o de reparar esas baterías para no tener que utilizar nuevos componentes o nuevas baterías de otros países. Hemos de contemplar que Europa desgraciadamente no disponemos de materias primas clave para la parte de las baterías. Hemos de contar con que podemos reutilizar lo máximo posible e intentar reparar al máximo para no tener que estar continuamente importando".

Además, también ayudarán a las gigafactorías y fabricantes de vehículos a cumplir con el nivel de la normativa europea de reciclado de baterías, la 2023/1542 y, al mismo tiempo, el poder dar el servicio a sus potenciales clientes o compradores de vehículos en la fase de reparación.

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